lunes, 12 de noviembre de 2012

Uno de Luis Cernuda

No hace al muerto la herida,
hace tan sólo un cuerpo inerte;
como el hachazo un tronco
despojado de sones y caricias,
todo triste abandono al pie de cualquier senda.

Bien tangible es la muerte;
mentira, amor, placer no son la muerte.
La mentira no mata,
aunque su filo clave como puñal alguno;
el amor no envenena,
aunque como un escorpión deje los besos;
el placer no es naufragio,
aunque vuelto fantasma ahuyente todo olvido.

Pero tronco y hachazo,
placer, amor, mentira,
beso, puñal, naufragio,
a la luz del recuerdo son heridas
de labios siempre ávidos;
un deseo que no cesa,
un grito que se pierde
y clama al mundo sordo su verdad implacable.

Voces al fin ahogadas con la voz de la vida,
por las heridas mismas,
igual que un río, escapando;
un triste río cuya espalda aún refleja
las antiguas caricias,
el antiguo candor, la fe puesta en un cuerpo.

No creas nunca, no creas sino en la muerte de todo;
contempla bien ese tronco que muere
hecho el muerto más muerto,
como tus ojos, como tus deseos, como tu amor;
ruina y miseria que un día se anegan en inmenso olvido,
dejando, burla suprema, una fecha vacía,
huella inútil que la luz deserta.


Luis Cernuda
De Donde habite el olvido (XVI, 28-3-1933)

jueves, 1 de noviembre de 2012

Del abandono: desde el otro lado


Es el abandonado en la noche un rebelde sin causa.
El abandonado es terco, se niega y se retuerce, pataleta por bandera.
Niño.

Es el abandonado en la noche un desagradecido y un impaciente.
No sabe ver el brillo de las estrellas. No sabe esperar a que llegue el día.
Adolescente.

Es el abandonado en la noche un revolucionario.
No se conforma, no acepta. Cree en un mundo de amor verdadero.
Joven.

Es el abandonado en la noche un dolido.
Cómo ha podido hacerme esto a mí.
Despechado.

Es el abandonado en la noche uno que sabe.
Brillan las estrellas, pero son inalcanzables. No hay que dejarse engañar.
Maduro.

Es el abandonado en la noche un conservador.
No valora la oportunidad de una nueva condición, añora lo obsoleto.
Viejo.


En el tiempo del abandonado todo
es fugaz.

No se valora lo perenne, siempre hace falta más.

En el tiempo del abandonado se confunden
el deseo,
el enamoramiento,
el amor.

En el tiempo del abandonado no hay compasión ni piedad.


Por eso hay muchos abandonados en su tiempo.
Tiempo
en el que ni los poetas escapan a las trampas del tiempo.
Tiempo
en el que el abandonado y el bienamado no son tan distintos.