- ¡Hola! ¿Estás?
- Sí, ¿quién eres?
- ¡Soy Yo!
- Mm... ¿Te importa acercarte un poco más? Es que no te veo bien.
- Sí, claro. ¿Mejor ahora?
- Uf... Es que estás como borrosa.
- ¿En serio?
- Sí, es como si te estuviera mirando a través de las gafas de otra persona.
- A ver si es que te has puesto unas gafas que no son tuyas...
- ¿A ver...? Joder, me he vuelto a equivocar.
- Deja esas gafas donde las encontraste, anda, que alguien las estará buscando.
- Sí, sí, pero ahora me toca buscar las mías y no veo nada.
- Siempre te pasa igual. Te pones las gafas de los demás y no te sirven.
- Ya, joder, ya.
- Busca con calma. Pero una vez en tu mano, no las sueltes. Confía en que son esas las que valen, ¡las tuyas!
- Pues nada, otra vez a tientas hasta que las encuentre.



