viernes, 23 de marzo de 2012

Nuestros besos

El beso primero y el último.
El beso espontáneo y alegre, cuando nos hacemos felices.
El beso delator.
El beso fluido.
El beso feo, rápido, ni se piensa ni se siente ni se recuerda.
El beso perfecto, sólo nuestro.
El beso que no pudimos besar.
El beso tierno.
El beso estremecedor.
El beso deseado que nos negamos.
El beso poético.
El beso que no nos gustó.
El beso inventado sobre el dorso de la mano antes de dormir.
El beso borracho y ceniciento.
El beso al que sólo juegan las lenguas.
El beso nervioso por no estar seguros.
El beso al aire del hasta luego, que se posa en algún lugar desconocido.
El beso pensado.
El beso del gemido entre las piernas.
El beso que sólo puede significar “te quiero”.
El beso público.
El beso helado que no entendimos.
El beso a carcajadas.
El beso inolvidable y recreado una y mil veces.
El beso a escondidas.
El beso al ritmo de la música.
El beso robado.
El beso esperado.
El beso apasionado y jadeante.
El beso cuidadoso por la mañana.
El beso que no recuerdo.
El beso torpe.
El beso que nos daremos.
El beso contra la pared.
El beso en los párpados, los dedos, el cuello, las piernas, la mejilla, los pies, la frente, la nariz, la tripa, las orejas... Distinto.
Y todos los demás, nuestros.
Nuestros besos. 

miércoles, 21 de marzo de 2012

Cuando pierdo el poder

Cuando pierdo el poder por completo.
Cuando soy tan insuficiente que reclamas la entrega de cualquier desconocido.
Cuando pido afecto y resto independencia.
Cuando soy oído y no boca.
Cuando soy sexo y los planes sobran.
Cuando me quejo y tengo miedo a la respuesta.
¿En qué hemos convertido esto?

viernes, 16 de marzo de 2012

Tengo miedo

- Tengo miedo. 
- ¿De qué?
- De equivocarme al darle una segunda oportunidad.
- ¿Qué pasó?
- Me falló una vez. 
- ¿Y por qué lo intentas si no te fías?
- Porque sí me fío. 
- ¿Entonces?
- Temo que su sinceridad renovada me duela. 
- Hay que asumir las verdades. 
- Pero soy frágil.
- No. A veces flaqueas, como todo el mundo. Pero eres fuerte.
- Quiero ser feliz.
- Está en tus manos y sólo en tus manos ser feliz. Estar con él merecerá la pena mientras no merme la felicidad que encuentres en ti. ¿Recuerdas todas las cosas que te llenan?
- Se me olvidan.
- Pues haz memoria.
- Me gusta leer, escuchar música, hacer teatro, ver películas, bailar, cantar, dibujar, salir, viajar, estar con mis ángeles de la guarda, escribir...
- ¿Escribir? ¿A ti también te gusta escribir?
- Sí...
- Pues no sé a qué esperas.
- Tienes razón. No es tiempo de melancolías, sino de crecer.
- No te hagas pequeña nunca.
- Gracias. Siempre estás ahí...
- Claro. Siempre estoy ahí para ayudarme. 

Aquella noche

Aquella noche me habría agarrado a tu pierna entre lágrimas, rogando arrastrada que no te fueras. Pero me habría quemado las rodillas con tu huida y ya estaba bastante herida.
Al día siguiente habría cogido el coche y me habría plantado en tu casa con un bidón de gasolina y un mechero. Pero el almendro de la puerta no tiene la culpa de tus miedos.
Así que sólo rompí algunos poemas, escupí sobre los recuerdos más hermosos y lloré tres días y cuatro noches con mis ángeles de la guarda.

Ahora que has vuelto, tan rápido como te fuiste, soy yo la que te da otra oportunidad.
Tetomo-tedejo valdrá sólo una vez. Pocas veces me he sentido tan y tan poco querida por la misma persona. 

Entre la paz y el anhelo

- Este duelo entre la paz y el anhelo me va a matar.
- Aguanta, niña, aguanta.
- Quisiera arrancarme el corazón con mis propias manos.
- Mejor pósalas sobre tu pecho y en círculos calma la angustia.
- Sólo su abrazo más profundo podría conseguirlo.
- Pues no lo tienes.
            Se arrancó el corazón.