viernes, 16 de marzo de 2012

Aquella noche

Aquella noche me habría agarrado a tu pierna entre lágrimas, rogando arrastrada que no te fueras. Pero me habría quemado las rodillas con tu huida y ya estaba bastante herida.
Al día siguiente habría cogido el coche y me habría plantado en tu casa con un bidón de gasolina y un mechero. Pero el almendro de la puerta no tiene la culpa de tus miedos.
Así que sólo rompí algunos poemas, escupí sobre los recuerdos más hermosos y lloré tres días y cuatro noches con mis ángeles de la guarda.

Ahora que has vuelto, tan rápido como te fuiste, soy yo la que te da otra oportunidad.
Tetomo-tedejo valdrá sólo una vez. Pocas veces me he sentido tan y tan poco querida por la misma persona. 

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