domingo, 8 de abril de 2012

Duerme mi amor

Duerme mi amor. Plácido, libre, inalcanzable. Miro su reflejo en el espejo para que no despierte al sentir que le observo. Su cara más íntima, la que no comparte y es sólo suya, está expuesta para mí, sin que lo sepa, durante su sueño. Descubro las partes de su cuerpo en tensión y cómo se relajan si, de vez en cuando, espira profundamente. Si me acerco cuidadosa puedo sentir el olor de su piel, que siendo suyo es más mío que de nadie.
Por nada del mundo querría sacarle de donde está. Es más él que nunca. Más sincero que nunca, aunque no pueda decir nada y sea imposible leer su rostro. Imagino pasear a su lado por las sendas que recorre en solitario, compartiendo lo que ve, lo que oye, lo que piensa... Pero no sería el mismo al que miro ahora; él sin reservas. Y así, ni le quito ni le añado nada. Tengo el privilegio de verle por completo sin apoderarme de sus pensamientos.
Mi mirada sosegada le despierta. Me mira aturdido hasta que recuerda. Esboza una sonrisa adormecida y me invita a acurrucarme a su lado, donde me abraza hecha un ovillo y recibe mi beso. Termina la magia para dar paso a la magia.

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